Jusepe de ribera

La Fundación Maeght presentará una exposición temática de obras realizadas desde 1964, compuesta por cuadros conocidos y otros inéditos, incluida una serie de pinturas creadas especialmente para esta exposición. Se mostrarán varios dibujos y una colección de esculturas que incluyen piedras con forma y montajes, entre la ficción y la realidad, como la serie de cabezas híbridas que incluye Dante-Cyrano de Bergerac y Tolstoi-Bécassine. Espectacular por su diversidad de materiales, por su riqueza de personajes y su gama de colores, la disposición de las obras contará con pequeños teatros que atañen a cuadros como el Agneau Mystique de Hubert y Jan van Eyck o el que reúne las «vanitas», las calaveras y las moscas en el Patio Miró.

«Si el arte es uno de los medios más perspicaces y precisos para comprender la psicología humana, para sacar a la luz la verdad de un individuo, también puede esforzarse por expresar no la identidad de una persona, sino la identidad de una «humanidad», de un grupo de hombres enfrentados al tiempo o a la historia. El arte toma una dimensión política con Eduardo Arroyo cuando intenta representar los juegos, los símbolos, los lenguajes y las «chansons de geste» de esta humanidad», explica Olivier Kaeppelin. «A Adrien Maeght y a mí también nos pareció interesante pensar en los diálogos que su obra mantiene con las de Léger y Picabia».

Parmi les peintres

Nació en Madrid en 1937. En 1958 se licenció en la Escuela de Periodismo de Madrid y se instaló en París, donde comenzó a trabajar como pintor. En 1961 realizó su primera exposición individual y en 1963 su obra fue presentada en la Bienal de París como parte de la muestra colectiva «L’Abattoir» («el matadero»). Esta exposición consistía en un montaje de pinturas y esculturas que, en conjunto, constituían una denuncia del totalitarismo y de todo tipo de represión física e ideológica. Su primera exposición en España, en 1963, fue clausurada por la censura. En 1965 participó en la exposición colectiva presentada en París con el título ‘Vive y deja morir, o el trágico final de Marcel Duchamp’, que supuso un hito en el arte figurativo europeo de los años sesenta. Murió en Madrid en 2018.

Salvador dalí

En 1957 terminó sus estudios de periodismo en Madrid y al año siguiente se trasladó a París con la intención de convertirse en escritor. No muy convencido de sus habilidades como escritor y de su criterio político, Arroyo decidió dedicarse a la pintura.

Arroyo aprendió de forma autodidacta. Comenzó a «contar historias en imágenes» y así ocupó una posición especial en el París de los años 50, donde en aquella época predominaba la pintura narrativa abstracta y no representativa. En sus composiciones representativas y figurativas prevalecen las referencias sencillas a acontecimientos y personajes históricos. Eduardo Arroyo compuso figuras estereotipadas, que representan a personajes de determinadas clases sociales. A menudo incluía citas desfamiliarizadas de cuadros famosos con un toque de ironía.

Tras la muerte de Franco en 1976, Eduardo Arroyo regresó a España. Oficialmente, su país de origen le honró con una gran retrospectiva. En 1983 Eduardo Arroyo recibió el Gran Premio Nacional de Pintura en España. A partir de 1969, Arroyo trabajó ocasionalmente como escenógrafo en importantes producciones europeas.

Familia de eduardo arroyo

El pintor nos recibió frente a la obra que ha dado título a la exposición. Enfrente está La víctima de la corrida del pintor Ignacio Zuloaga, una de las obras que más ha obsesionado a Eduardo Arroyo. A sus 80 años, el artista sigue destilando esa inspiración e ironía tan características en él y que contrastan con la dureza de este cuadro de gran formato de Zuloaga. Aprovechamos su visita al museo para la inauguración de su última exposición, Eduardo Arroyo. Le retour des croisades, para conocerle mejor.

Eduardo Arroyo: Siempre me ha interesado mucho la obra de Zuloaga. Creo que todavía no ha alcanzado el nivel de valoración que debería tener. Pero lo hará. Un día estaba de visita en el museo y vi este cuadro, Zuloaga en su máxima expresión, este imponente picador. Desde ese momento me obsesioné con él e hice que el museo me enviara una fotografía de Víctima de la corrida. Y desde entonces estoy obsesionado por este cuadro del que he hecho una réplica. Nunca hubiera imaginado que tendría la suerte de estar frente a Zuloaga en una exposición como ésta. Naturalmente, él gana; no hay comparación -las comparaciones son odiosas- pero he hecho un buen trabajo sobre el picador del pintor eibarrés, luego he cambiado totalmente el fondo. El fondo se ha convertido en esa España desolada, ese paisaje vacío que todos conocemos, esa España sin vida, terrible en cierto sentido. Creo que he hecho 60 paisajes que no tienen nada de esa dureza, pero que también son duros, con ese elemento de tempestuosidad y brutalidad que tiene el cuadro de Zuloaga.

Por admin

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